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Pimentel y El Lago

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PIMENTEL Y EL LAGO 

    Era una mañana de sol radiante. Pimentel emocionado a raudales -prepara sus macundales. Se comunica con  sus amigos y los invita a pescar al lago. Allí se irán en bote con sus cañas y sus afanes. Pimentel sueña con un Pavón que lo reivindique, pues ni siquiera una vieja ha podido pescar en el dique. El siempre tiene excusa del porque no pesca nada, unas veces es la carnada, otras porque es de mañana y los peces están de siesta durmiendo la temporada. El hecho es que siempre vuelve con las manos peladas. Sus amigos generosos les dan tres pescaditos para que su esposa no diga nada. Pero hoy el presiente que se le va a ir el pavón que lo ha acompañado de sol a sol, y va a pescar uno como el tamaño de un tiburón. De tanto venir pensando el viaje se le ha hecho corto,  llega hasta la orilla  y ve que  sus amigos ya se han marchado a la travesía. Contrariado porque lo han dejado, se llena de fe y coraje y exclama desesperado: se que me están sacando el cuerpo / por  fama de mal pescador / pero por mi honor les juro / y eso denlo por hecho/que hoy sacaré un pavón gigante/ para batírselos por el pecho/.    

 De modo que Pimentel se embarca en su bote, se pone un turbante en su cogote para que el sol no lo azote, lleno de coraje y enojo prende el motor con arrojo y se va raudo a pescar su tiburón (perdón su pavón). Cuando estaba tan adentrado en el lago, que no se veía  ni un chaparro apaga el motor del bote y prepara su carnada, de repente viene a su mente el lenguaje y su semántica. Piensa -ya se cual es mi pava, esto no se debería llamar carnada.¡Por eso no pesco nada! Se debería llamar cartodo. ¡A lo mejor pescaría de todo!. Entre cavilación y anhelos fue transcurriendo el tiempo, ya era tarde y ni un ajile siquiera para estar contento. Sin embargo, Pimentel pensaba para sus adentros –Por Dios, que pava tan grande tengo, me voy a buscar a Luis pa’ que me haga un despojo aunque el tiene de brujo lo que yo tengo de tonto. De pronto Pimentel siente un templón en su caña, será que esta alucinando por el sol que ha recibido. De nuevo siente otro templón que por poco lo tira al agua. Pimentel se emociona y grita con voz de júbilo  -este es el pavón más grande, que jamás haya existido- mientras piensa con emoción lo que van a decir sus amigos. Así se inicio esta lucha entre un hombre herido en su orgullo y un pez que no quería salir en fotografía. La lucha fue titánica, Pimentel parecía que se rendía  con ampollas en la mano. Pero esta era su oportunidad y no la iba a dejar escapar. Mientras el pavón con el anzuelo en la boca, templaba y templaba, tratando de liberarse pues no quería retratarse con un currutaco lechuo que se equivocó de anzuelo y de carnada, y le lanzó una empanada. Y este por ser cazador de las aguas y sus confines, lucha para evitar ser comido por un pescador de biberón y escarpines. Al final las aguas se aquietan y se escucha un grito triunfante como los que daba Tarzán cuando llamaba a los elefantes. Pimentel había triunfado, había pescado el pavón soñado. Era tan grande el pescado que tuvo que amarrarlo de la borda. Ahora lo que quería era vanagloriarse de su trofeo, quería llegar cuanto antes a la orilla. De modo que se dispuso a prender el motor, lo intento varias veces y este ni rezongó, al cabo de treinta minutos se dio por vencido y comenzó a remar el bote. Eran tan grande su emoción que no se iba a contrariar por culpa de un motor que no quiso colaborar. Así fue pasando el tiempo, Pimentel seguía en su afán de llegar hasta la orilla. De pronto observó a una baba de regular tamaño, este siguió remando sin darle tanta importancia. Cuando de pronto ve que la  susodicha se lanza contra el pescado y le arranca de un solo tajo parte de la barriga. Pimentel arrecho por la insolencia de la baba hambrienta, le sampa un palazo en la trompa que la deja medio muerta. Sigue remando Pimentel con nervios por la batalla, sabe que donde hay una baba hay varias en retaguardia. La baba atolondrada y furiosa por el trancazo, se lanza con arrechera contra el pescado y le arranca medio pedazo. Pimentel agarra el tolete y se lo vuelve a meter en la frente, a la baba por insolente. Mientras se da esta pelea entre las sombras del atardecer otra baba que merodea le da su mordisco también. Ahora si es verdad que llegó Pablo a Guiria- exclama contrariado Pimentel- mientras enviste con justo enojo a la otra baba por su osadía. Así prosigue toda la noche echando palos por todos lados, mientras del pez solo ha quedado el esqueleto como trofeo. Llora en silencio su desconsuelo, tanto luchar por su pescado y solo los restos le han quedado. El espinazo y la cabeza han sobrevivido –para su mala fortuna- de este festín  de dientes y  hambruna. El pobre se lamenta de la  mala suerte que lo acompañó en su travesía, que no le dio tregua ni de noche ni de día. Así que sacando ánimos de  su desventura  posa con fingida alegría, mientras le tiran una fotografía. Así termina esta historia de Pimentel y el lago donde por poco se consagró como un pescador de talla y talante, que pescó un pavón tamaño gigante. Solo que las babas se lo devoraron con desmedido embeleso y le dejaron el gran esqueleto, y como recuerdo de este suceso ignoto, Pimentel  nos dejó de prueba esta foto.  

 http://stc.obolog.net/multimedia/fotos/1002000/1001521/1001521-321072.jpg

Daniel Ruiz  Correa

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Comentarios Pimentel y El Lago

muy bueno el cueto mi querido hermano pero no llega el fin de año que no te comas un pavon pescado por este servidor alo mejor no sera de gran tamaño pero asi recordaras a tu hermano  pimetel y el lago
jose pimentel jose pimentel 03/12/2010 a las 02:54
jajajaja si me dio risa este cuento del pavon.... pero es verdad la empana que sirvio de carnada lo dejo sin casi nada, si hubiera sido un bollo,  que le dice cartodo...  se lo trae todo... jajajaja...
oslenys oslenys 19/11/2011 a las 14:22

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